Varsovia 31 de diciembre de 2025
Estimado Señor:
El que suscribe es un sacerdote del Opus Dei y mis fechas de identidad son: 55-71-81-94. Son años que corresponden a mi fecha de nacimiento, mi entrega a Jesucristo en la Obra, mi ordenación sacerdotal en Torreciudad y mi marcha de Madrid a Varsovia, en donde permanezco todavía.
Una vez sabido quién es el que suscribe estas líneas, quisiera decirle que ayer terminé de leer su libro El loco de Dios en el fin del mundo. Empecé a leerlo hace unos días, el 26 de diciembre estando retirado en una casa de retiros, valga la redundancia, a 50 kilómetros de la capital de Polonia. Dworek, a si se llama ese palacete, situado en la región de Mazowieckie.
Escribo para felicitarle por el libro y agradecerle su esfuerzo por transmitir lo vivido. Lo he leído deprisa y con agrado, es una lectura que fluye y que no pide al lector un gran esfuerzo. Es decir, es usted un escritor de pluma fácil, que tiene éxito y que está abierto a lo que sea, sin complejos. O sea que los que le propusieron desde el Vaticano que escribiera un libro sobre el papa Francisco han acertado en la elección del autor. El libro es un éxito, no se si de ventas, pero para mi gusto ha hecho usted un buen trabajo, ha escrito un buen testimonio.
Ciertamente no escribo solamente para alabarle sino también para criticarle algunos puntos. Pero empecemos por su carta de identidad. Usted se presenta como ateo, anticlerical, laicista militante, racionalista contumaz e impío riguroso. Y le diría: menos lobos caperucita. Usted no es ateo pues en su libro se vislumbra una búsqueda de la verdad, un querer creer al modo de Unamuno. Usted no es un anticlerical rabioso pues tiene respeto hacia el clero y de ninguna manera es un impío pues su amor a su madre es ejemplo de piedad filial. Laicista militante tampoco lo veo pues al leer El Pais, el diario más dogmáticamente laicista, usted mismo pudo comprobar como rasgan las noticias religiosas. Tampoco me convence lo de racionalista contumaz pues lo más racional en este mundo es la fe cristiana: el verdadero pensamiento racional lleva de la mano a la fe en Dios y más concretamente a la fe en Jesucristo.
Jesucristo es el gran ausente en su libro y en su vida, por lo que he podido leer. Merece la pena recordar aquí lo que repetidamente decía Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) que definía el cristianismo no como una teoría o ética, sino como el encuentro personal y transformador con Jesucristo. Este acontecimiento inicial, basado en la gracia de Dios que toma la iniciativa, abre un nuevo horizonte de esperanza, cambia la existencia y fundamenta la fe como una relación viva. Desde que leí en 1985, en italiano, estando de capellán en Tajamar – diez años maravillosos en esa escuela fabulosa- Rapporto sulla fede, la entrevista que le hace Messori a Ratzinger, he leído todo – o casi todo- de este autor. De hecho tengo en mi habitación la Opera Omnia de Ratzinger en polaco y la leo non-stop.
Usted no ha perdido la fe por leer San Manuel Bueno y Mártir, o por leer a Nietzsche, pues tengo la impresión -confirmada por muchos casos muy parecidos al suyo – que usted nunca la ha tenido, es decir que le ha faltado lo más importante en la fe cristiana: el encuentro personal con Jesucristo. Cuántos cristianos hay de países católicos, de familias cristianas y escuelas también católicas, que han mamado la fe desde la infancia como una tradición, como una costumbre, como unos rituales y no han dado el paso definitivo: la aceptación personal -personalísima- de Cristo. El descubrimiento de Jesús como compañero de viaje, como amigo con el que se puede hablar de Tú a tú. Sí, la fe es un encuentro, y ese encuentro se da muchas veces a través de otras personas. Usted ha vivido un encuentro con Jesucristo a través del precioso testimonio de tantas personas de fe con las que usted a entrevistado y vivido en su viaje a Mongolia. Su mujer tenía una gran intuición femenina cuando le decía: cuidado que no vaya a ser que te conviertas en un soldado de Francisco. Sí, usted se ha convertido ya en un gran soldado de Francisco, uno de sus mejores defensores. Quizá le pase eso también a su mujer, pues son enfermedades contagiosas.
Bueno podría escribir mucho, muchísimo más, pero lo voy a dejar. No quiero sin embargo no resaltar que lo mejor de su libro son los testimonios y una gran verdad: la solución de la Iglesia es que todos seamos misioneros. Es el gran desafío que tiene la Iglesia: que cada bautizado sea consciente de ser Iglesia y de que tiene una misión: difundir en su ambiente, en su trabajo y familia, con su ejemplo y sus palabras el Evangelio de Jesucristo. Es una dimensión que todavía no se comprende.
Del papa Francisco podría decir muchas cosas positivas y algunas no tan positivas, quizá desconcertantes. Pero prefiero callarme, como he hecho hasta ahora. Quién soy yo – un vulgar Pérez Sánchez o Soler Ferrán – para criticar al papa o hablar negativamente de él. Además hay un dicho popular, o quizá una manera de proceder, que dice que de los difuntos, de los que ya han pasado al otro lado, o se habla bien o no se habla. De todas maneras como el papa es una figura histórica con una influencia innegable en la vida de la Iglesia y del mundo quizá sea necesaria un análisis crítico de su pontificado. De todas maneras cómo presenta usted la figura de Bergoglio-Francisco me parece adecuada. También me parece acertado la cita del mejor soneto anónimo de la poesía española: esa es la verdadera ética cristiana, siempre teniendo en cuenta que el cristianismo no es solamente una ética sino una verdad histórica, un acontecimiento con fundamentos científicos de su credibilidad y de su verdad.
Si esto no le ve claro le aconsejo vivamente que lea los tres tomos de Ratzinger-Benedicto sobre Jesús de Nazaret. Si alguien lee los evangelios y las cartas de san Pablo sin prejuicios seguramente le ocurrirá lo que le sucedió a Edita Stein cuando leyó en toda una noche la Autobiografía de santa Teresa de Jesús y cerrando el libro pudo afirmar: esto es verdad, esto es la verdad. Ahora en estos días estoy también leyendo el libro que me regalaron los reyes, que en Polonia vienen en la vigilia de Navidad, es decir en Nochebuena: The priority of Christ de Robert Barron. Yo he leído sin prejuicios su libro y puedo afirmar que lo que usted ha vivido no se lo ha inventado, realmente ha viajado a Mongolia y se ha encontrado con un buen puñado de cristianos. Lo mismo, con sus diferencias, se puede decir de los Evangelios: son acontecimientos realmente ocurridos que con la explicación de los discípulos, especialmente las cartas de san Pablo, nos hablan claramente de misterio de Cristo: Dios con nosotros. Sí, con toda seguridad podemos afirmar: Dios existe pues nos ha enviado a Su Hijo y lo sigue enviando con el Espíritu Santo.
Acabo con dos puntualizaciones técnicas que quizá deberían corregirse en las siguientes ediciones:
1) No es que antes la Iglesia creyese que María había sido concebida como tú y como yo, pero solo en aquel momento sintió la necesidad de proclamar el dogma de que, igual que Jesús, su madre había sido concebida sin pecado. —Sin follar, quieres decir—Eso solo lo decís los herejes.
Esa palabra suena mal, por lo menos para mí. De todas manera quisiera puntualizar: una cosa es el dogma de la Inmaculada Concepción – es decir que desde el momento de la concepción de María en el seno de su madre (santa Ana según los evangelios apócrifos) no tuvo ninguna mancha de pecado, es decir que María no tuvo pecado original (esto es el dogma de la Inmaculada Concepción de 1954). Y otra cosa es la concepción Virginal de María, el primer dogma (antes que el Theotokos), es decir que La Virgen concibió a su Hijo Jesucristo por obra y gracia del Espíritu Santo, sin que hubiese intervención de varón, es decir de su esposo san José. Me parece que hay confusión de esas dos ideas en su texto que he citado.
2) —Mira, Javier —dice por fin—. Es normal que los católicos españoles queramos que el papa venga a nuestro país… Juan Pablo II visitó a menudo España, a veces en viajes muy largos. Y Benedicto estuvo cinco veces. ¿Por qué no ha ido Francisco? Pues ya lo ha explicado muchas veces: él prioriza las visitas a países periféricos, pequeños, tipo Albania. En cambio, fíjate bien: no ha ido a Francia. Ni a Alemania. Ni a Polonia. Ni a Reino Unido… Es así: no quiere ir a los países grandes.
Esa cita de Pelayo no es exacta. El papa Franciso no ha estado en Alemania ni en el Reino Unido pero sí en Francia y Polonia. Pregunto en castellano a IA si el papa Francisco ha estado en Polonia, y responde: El Papa Francisco visitó Polonia del 25 al 31 de julio de 2016 para presidir la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en Cracovia. Durante su estancia, se reunió con jóvenes, autoridades y supervivientes del Holocausto, visitó el santuario de Czestochowa y celebró el 1050 aniversario del bautismo de Polonia.
La misma pregunta pero en Francia: El Papa Francisco ha realizado tres visitas pastorales a Francia (Estrasburgo en 2014, Marsella en 2023 y Córcega en 2024), centrándose en la “periferia” y evitando París. Estos viajes no oficiales se centraron en temas como la migración, la fraternidad y el diálogo europeo, destacando su enfoque en las regiones periféricas sobre la capital francesa.
Le deseo a usted y a su familia un año 2026 llenó de alegres sorpresas y encuentros. Pax et bonum. Atentamente.
Ignacio Soler Ferrán