Entrevista al cardenal Dziwisz – 2005

LO EXTRAORDINARIO DE LO ORDINARIO

PALABRA: Juan Pablo II va a ser beatificado el domingo de la Misericordia Divina. ¿Cómo recuerda usted el 2 de abril del 2005?

-La Providencia eligió para el Santo Padre el día de la marcha de este mundo a la casa del Padre. Era un sábado, el primer sábado del mes -y nos es bien conocida a todos su gran devoción a la Madre de Dios-, al mismo tiempo era el día de la preparación para la solemnidad de la Misericordia Divina. Personalmente me impresionó que en el atardecer, alrededor de las 20.00 horas, una voz interior me apeló de forma imperativa: “¡Celebrad la Santa Misa!”. Concelebramos la Eucaristía: era la Misa de la Misericordia Divina de la liturgia dominical. Participaron en ella: el cardenal Jaworski, gran amigo y confidente del Santo Padre, también estuvo presente el sacerdote Tadeusz Styczeń, el arzobispo Ryłko, el sacerdote Mieczysław Mokrzycki, nuestras hermanas religiosas…, yo era el celebrante principal. Todos los que allí participamos eramos conscientes -como es fácil imaginar- del carácter tan absolutamente excepcional de esa celebración. El sacrificio del Santísimo Sacramento se unía al sacrificio de Juan Pablo II. Muy significativo fue también el Evangelio de esa Misa. Era la escena de la aparición de Cristo resucitado en el cenáculo, ocho días después de su resurrección. Rezábamos en aquél momento para que nuestro Señor viniera a nosotros, le necesitábamos… Después del credo, el cardenal Jaworski le impartió la unción de los enfermos…, en la Comunión le dimos unas gotas del Sanguis con una cucharilla. Esa cucharilla la guardamos hasta el día de hoy. Llegó el momento de su marcha… Cuando dejó de latir su corazón paramos el reloj, que también lo guardamos como testimonio.

PALABRA: Eminencia, usted a acompañó de cerca durante muchos años a Juan Pablo II. Sabemos que la vida espiritual es de alguna manera un proceso. ¿En qué momento se manifestó de una manera evidente la santidad de Juan Pablo II?

-Evidentemente, no se hizo santo de repente. Su santidad personal era ya visible en sus años de juventud, todavía siendo estudiante en la Universidad. Sus compañeros del seminario ilegal nos cuentan que ya entonces era llamativamente tranquilo, natural, auténtico, con un trato continuo con Dios. Pienso que recibió esa espiritualidad y la capacidad de rezar de su hogar familiar. Su padre le enseñó una oración al Espíritu Santo y esa oración acompañó a Karol Wojtyła durante toda su vida hasta su último día. El mismo sábado 2 de abril cuando se iba de este mundo Juan Pablo II rezó con nuestra ayuda esa oración.

PALABRA: ¿Cuándo se dio usted cuenta que estaba ante un hombre de gran talla, ante una personalidad de ámbito universal, ante un gran santo?

-Nosotros no lo llamábamos santidad. Las personas que estábamos a su lado teníamos la profunda convicción de encontrarnos ante un hombre de una capacidad extraordinaria, con una fuerza interior y un carisma fuera de lo ordinario. Pero lo que más llamaba la atención era su sencillez interior. Le doy un ejemplo: durante mi primer año en el seminario y el primer encuentro con el profesor Wojtyła tuve esa fuerte impresión. Durante las pausas entre las clases veía que se iba a la capilla y allí permanecía en oración. Recuerdo que tenía entonces un largo flequillo, y cuando se inclinaba en oración, le caía sobre la frente. Saliendo de la capilla daba la impresión de que volvía de un encuentro en el cual había tocado el misterio. Los seminaristas veían con toda naturalidad esos encuentros suyos con Dios. Por ese motivo se le acercaban. En él se transparentaba Dios y precisamente eso era lo que nosotros buscábamos.

También era algo llamativo que después de cada santa Misa permanecía en la iglesia durante unos cuantos minutos en oración personal de acción de gracias. Cuando le acompañaba para la visita pastoral en alguna parroquia, antes de la celebración no dirigía la palabra a nadie. Estaba recogido, preparándose a la celebración del Sacrificio de Cristo.

PALABRA: Ciertamente, durante sus peregrinaciones apostólicas siempre impresionaba su figura de hombre recogido en oración. ¿Se puede decir que en la vida de Karol Wojtyła la oración contemplativa tenía una importancia especial?

-Pienso que él no dividió su tiempo en ‘oración’ y ‘trabajo’. En las acciones más prosaicas le acompañaba siempre la oración. Me dí cuenta muchas veces cómo el Papa rezaba por cada una de las personas presentes en las audiencias, y cuando se despedía les encomendaba a la Divina Providencia. Lo hacía tan discretamente que solamente los que estábamos más a su lado nos dábamos cuenta. Era algo extraordinario.

Cuando durante las muy diversas visitas le hacían todo tipo de halagos, él rezaba a media voz. No quería oír eso. Se reía de esas alabanzas.

Cada día transcurría -como es lógico- según un plan previsto de oraciones. Cuando se levantaba por la mañana temprano, empezaba el día con la meditación, la Santa Misa, la acción de gracias y la lectura espiritual. Cada jueves transcurría una hora en adoración ante el Santísimo Sacramento expuesto en la custodia. Así transcurrió toda su vida. Repetía con frecuencia: ‘acordaos de los apóstoles que se durmieron en el huerto de los Olivos, y Cristo les preguntó más tarde: ¿Por qué dormís? ¿Ni siquiera habéis sido capaces de velar una hora conmigo?’ Quería de esta manera reparar por aquella falta de los apóstoles en el huerto de los Olivos.

PALABRA: ¿Cómo era la piedad de Juan Pablo II? ¿Siempre tuvo ese carácter mariano propio de su juventud? ¿El papa místico, como se le suele denominar, tuvo alguna experiencia mística especial, algún tipo de visiones?

-No, no tengo noticias de esas cosas. Cuando le dejábamos solo en su capilla para no molestarle, entonces se podía escuchar cómo cantaba a Jesucristo, como le hablaba en voz alta. Seguramente que pensaba que nadie le escuchaba pues la capilla estaba cerrada. Pero a pesar de todo a veces sí que se le escuchaba… Usaba las oraciones tradicionales, las sencillas formulas de la Iglesia: el rezo del Santo Rosario, el ejercicio del Via Crucis. Eran medios que utilizaba para llegar a la contemplación.

PALABRA: Juan Pablo II va a ser beatificado por su sucesor, algo que no ha sucedido en la historia de la Iglesia. El mismo elevó a la gloria de los altares a una multitud de fieles: sacerdotes, personas consagradas y laicos. Los santos son universales a pesar de que cada uno tenga sus propias raíces culturales. ¿Por qué motivo Juan Pablo II aceleró de tal manera el trabajo de la Congregación de los Santos?

-El concilio Vaticano II afirmó que los procesos de elevación a los altares había que simplificarlos. El Papa fue un hombre del Concilio. Estaba muy interesado de que los nuevos santos no vinieran solamente de Italia. Además hay que recordar que durante las etapas de secularización de la sociedad, cuando la fe se enfría, entonces espontáneamente aparecen los santos. Por ejemplo, en Turín cuando más intensivamente actuaban los masones entonces apareció san Juan Bosco. El Espíritu Santo sopla donde quiere. Hace unos una decena de años, cuando parecía acercarse una gran crisis en la Iglesia, el Espíritu Santo suscitó una multitud de movimientos y comunidades que son hoy día una fuerza y reserva de santidad.

PALABRA: Con la democracia, en Polonia, se ha dado un fuerte paso en la defensa de la vida en el seno de la madre. ¿Es también esto una gracia de Juan Pablo II para su país?

-La defensa de la vida ha sido uno de los más importantes aspectos, no solamente del pontificado de Juan Pablo II, sino también de toda su vida. Ya durante su estancia en Cracovia luchó decididamente por el respeto a la vida humana desde su inicio hasta su muerte natural, sin ningún tipo de excepción. En referencia a la fecundación in vitro compartió el dolor de los padres ante la imposibilidad de tener un hijo. Sin embargo siempre afirmó sin titubeos que el mejor método para ayudar a esos esposos consiste en investigar las causas de la infecundidad y luchar para curarla. Siempre animó a la adopción, pues tantos niños esperan el amor de una familia. Su opinión en relación a la fecundación in vitro no partía de criterios religiosos, sino más bien era motivado por razones de carácter ético y científico.

PALABRA: Juan Pablo II nombró a santo Tomás Moro patrón de los hombres que se dedican a la política. En la Exhortación apostólica Christi fideles laici escribió que “la unidad de vida de los fieles laicos tiene una gran importancia. Ellos, en efecto, deben santificarse en la vida profesional y social ordinaria”. El mismo papa Wojtyła siempre vivió en unidad de vida, siempre fue él mismo. ¿Qué nos puede usted decir sobre la unidad de vida?

-El católico siempre es católico. Con independencia de que sea político, diputado, ministro o un hombre cualquiera de la calle, siempre tiene la obligación de respetar los valores universales que obligan a todos sin excepción en su comunidad. Si en un parlamento la mayoría de los políticos se reconocen como cristianos, entonces se deberían establecer unas leyes en las cuales la ética cristiana estuviera presente, y no buscar siempre y en todo los necesarios compromisos. En cuestiones de defensa de la vida, como por ejemplo la cuestión in vitro, no hay compromisos.

Quisiera añadir que en muchos países de occidente no pocos cristianos evitan manifestar sus personales convicciones. Sin embargo los ateístas y agnósticos lo hacen a la menor oportunidad que se les presenta. Por eso justamente Benedicto XVI ha dicho que “observamos hoy día la esquizofrenia del político católico que privadamente quiere ser un fiel católico, pero no públicamente, pues está convencido que no debería llevar sus personales convicciones al ámbito público, autojustificándose con el argumento de la necesidad de respetar el pluralismo”. Se olvida que el pluralismo es un valor subordinado al valor de la vida humana. Además ocultar las propias convicciones en la vida pública lleva a una crisis cultural y a una desestabilización del ‘etos’ europeo.

PALABRA: En Polonia se nota una aceleración en el proceso de laicización. Se oye hablar de una limitación de la presencia de la iglesia en la vida pública. ¿Es posible que en Polonia se repita lo que ahora vemos en España?

-Sin lugar a duda hay corrientes laicistas en Polonia pero no tienen la virulencia española. Después de la entrada de Polonia en la unión Europea no ha habido una clara laicización, aunque algunos lo preveían y anunciaban. Los que atacan a la Iglesia intentan por todos los medios crear una imagen de crisis. Por ejemplo nos dicen que hoy día la Iglesia en Polonia no va bien, pues faltan las figuras del Cardenal Wyszyński o de Juan Pablo II. Es bueno recordar que esos ataques parten de los mismos ambientes que criticaban fuertemente en vida a esos dos grandes hombres y sus enseñanzas.  El anticlericalismo irreligioso siempre crea su programa con la negación de cualquier actividad de la Iglesia, olvidándose que su labor en favor del bien común no la puede suplir ninguna otra institución.

PALABRA: En el mundo actual, especialmente en el mundo político, reina el relativismo. El hombre se materializa y busca ansiosamente los bienes de este mundo y la gloria humana. ¿Cuál era la relación de Juan Pablo II respecto a los bienes materiales?

-Toda su vida la vivió sobriamente. Siendo obispo aquí en Cracovia tenía una sola gabardina, con un forro que lo ponía en invierno. No recibía ningún sueldo por ser obispo. Era del parecer que sólo podía disponer de los honorarios debidos a sus publicaciones, y todo ese dinero lo entregaba -prácticamente nadie lo sabía- a becas para los estudiantes pobres. Como papa nunca tuvo dinero en sus manos (lo mismo que en Cracovia). Si alguien le entregaba una cantidad, de una manera delicada lo reenviaba para otras necesidades. En esto le ayudaba la Secretaría de Estado. Todo se anotaba y se mandaba. Después recibíamos las gracias.

PALABRA: Son conocidos, ya en vida de Juan Pablo II, algunas gracias extraordinarias obtenidas a través de él. ¿Se acuerda ahora de alguna de ellas?

-Sí. Me acuerdo, por ejemplo, de un párroco de Trento que vino a la audiencia con su hermana, enferma de cáncer en el cerebro. Llevaba consigo la imagen de Jesús Misericordioso. Al poco tiempo debía someterse a una operación. El Papa la tocó en la cabeza diciéndole: vamos a rezar. A las pocas horas resultó que estaba totalmente curada y la operación era innecesaria… De esas gracias hay bastantes.

PALABRA: Quisiéramos acabar preguntándole: ¿Qué aspecto de la vida de Juan Pablo II le parece más digno de imitar?

-Su oración. También su autenticidad y su transparencia. Era característico lo extraordinario de sus gestos ordinarios. Por ejemplo cuando pasaba por el corredor de la curia de Cracovia se paraba ante el crucifijo para besarlo y honrar de esta manera a su Maestro. Me acuerdo que durante una de sus visitas, fue en Sandomierz, se dio cuenta en un momento que un pedazo de pan estaba en el suelo, se arrodilló, lo besó y lo puso en el césped para que se lo comieran los pájaros.

PALABRA: Muchas gracias.

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Ignacy Soler

I am a catholic priest of Opus Dei. Born in 55 - Dedicate to Lord 71 - ordinate a priest in Torreciudad 81 - move to Poland 94.

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